
Revista de Ciencias Empresariales y Sociales. Vol. 12, N°10, 2025 (julio-diciembre)
ISSN electrónico 2618-2327 (1-14)
simbólico. Mientras que en décadas anteriores Corea del Sur ocupaba una posición marginal
en el imaginario global, hoy es percibida como potencia emergente gracias a su crecimiento
económico y a la visibilidad de su industria cultural. Sobre todo, la popularidad mundial y
los éxitos de los contenidos culturales de Corea como los grupos musicales BTS y Blackpink,
la película Parasite, la serie de Netflix El Juego de Calamar, hasta la autora Han Kang que
ganó el premio Nobel de Literatura en 2024, han influenciado en el proceso de
reposicionamiento de las identidades y las vidas de estos jóvenes.
En este sentido, la forma en que se construyen y gestionan las diferencias culturales
en Argentina no es una realidad neutral, sino una categoría producida desde estructuras de
poder que definen los límites de lo aceptable y lo deseable en términos de pertenencia social.
Varios autores coinciden en que la diferencia cultural se institucionaliza en formas que
refuerzan fronteras internas al Estado-nación. La diversidad, lejos de ser una práctica
emancipadora en sí misma, puede operar como una estrategia de clasificación y control social,
sobre todo cuando se vincula con discursos nacionalistas o lógicas neoliberales de
reconocimiento selectivo (Grimson y Karasik, 2017; Briones, 2008; Bartolomé, 2008).
Esta diversidad “gestionada” se despliega en políticas públicas, discursos mediáticos
y prácticas institucionales que, lejos de garantizar la igualdad, muchas veces representan la
colonialidad del poder como argumentarían Quijano (2000) y Wade (2021). La paradoja es
que el sujeto coreano global, en este contexto, es valorado por su estilo, innovación y
exotismo pop, mientras que el argentino-coreano local sigue enfrentando formas de
racialización cotidianas que lo excluyen del “nosotros” nacional.
Frente a estas tensiones, la interseccionalidad se presenta como una herramienta
analítica fundamental. Tal como propone Viveros Vigoya, las desigualdades no operan de
manera aislada, sino que se entrecruzan de forma situada, en contextos concretos (2016). Los
jóvenes coreano-argentinos viven en la intersección de múltiples sistemas de diferenciación:
racialización por los rasgos, clasificación por origen migrante, expectativas de género,
pertenencia de clase, y, en muchos casos, trayectorias familiares ligadas a la economía étnica.
Esta combinación de factores no solo genera exclusiones, sino también modos complejos de
pertenencia y ambivalencias identitarias.